Manuela Lora/MS
SANTO DOMINGO.- Como abogada asociada de la firma Pittaluga, Delgado, Jiménez & Asociados, Gabriela López Blanco de Bautista maneja días cargados de estudios, discusiones y análisis que a cualquiera dejarían exhaustos… pero ella no puede darse ese lujo.
Al concluir su labor como profesional viene entonces quizás la carga más fuerte, pero sin lugar a dudas, la que más llena su vida de satisfacciones: ser madre de Marcos Manuel, de 10 años; Diego Gabriel, de 8 y Jesús Javier, de 6. Sus tres “terremotos”, cada uno con diferentes intensidades para amar, jugar y ver la vida.
Pero nada como estar enamorada para enfrentarlo todo, y es que Gabriela cuenta con la inspiración suficiente para ejercer su labor de madre con el apoyo de su esposo Víctor Bautista, director general de Noticias SIN, con quien felizmente escribe la historia de una familia que cada día da los pasos necesarios para crecer en unión y valores humanos.
Gabriela narra a MercadoSocial.com que si dijera que no sintió algo de miedo ante el gran reto de convertirse en madre, sería poco sincera. Aún cuando se sentía con la madurez física y emocional para ser madre, sí sintió un poco de temor: “Pero fue ese miedo natural a lo desconocido y a la dimensión de responsabilidad que sabía estaba asumiendo. Frecuentemente me pregunto si lo estoy haciendo bien. En mi interior, siento que sí”.
VIDA PLANIFICADA.- Gabriela y Víctor “organizaron” sus vidas de tal manera cuando se casaron que, según ella misma cuenta, la concepción de Marcos Manuel fue un acontecimiento que conllevó una dedicada planificación.
“Cuando Víctor y yo nos casamos trazamos una especie de programación que incluía el momento en que tendríamos a nuestro primer hijo. Elegimos el día, el ambiente, fue todo un rito solemne. La noticia de mi embarazo no constituyó ninguna sorpresa, pero sí fue súper emocionante esa sensación de ver un resultado de embarazo positivo y de que lo habíamos logrado con un primer intento”, expresó Gabriela.
Un año y medio después la pareja acordó tener a su segundo hijo, con la seguridad sólo da la experiencia. Para esta ocasión, y como si fueran los dueños completos del producto, buscaban concebir una niña para formar la pareja y cerrar la fábrica. Entonces nació Diego Gabriel.
La joven abogada explicó que la verdadera sorpresa fue la llegada de Jesús Javier, el pequeño de la casa, ya que no lo planearon y les tomó desprevenidos. Fue un “error de cómputos”.
“Diego Gabriel apenas tenía un año y tres meses cuando salí embarazada de Jesús Javier. Para una persona tan programada como yo la noticia me dejó pasmada, especialmente porque Diego Gabriel era uno niño con muchos problemas de salud y me absorbía mucho. Entendía que aún exigía las atenciones de un niño pequeño, lo que con un nuevo bebé sería muy difícil de manejar, sumado esto a mis obligaciones profesionales”, narró Gabriela.
Aunque no sabía cómo dar la noticia ni cómo reaccionaría, Gabriela llamó a su esposo, que en esos días se encontraba en Washington en un viaje de trabajo: “Fue difícil comunicarme con él por teléfono. Le escribí varios correos electrónicos para que me llamara. Finalmente lo hizo al día siguiente de confirmar mi estado con la prueba de embarazo. La verdad que se quedó sin voz cuando cerca de la medianoche le dije: “Mi vida estoy embarazada”. Luego supe que pasó la noche celebrando con sus colegas dominicanos que le acompañaban, el padrote en el que se había convertido”.

Gabriela adora los momentos de distensión junto a sus hijos.
PERSONALIDADES DIFERENTES.- Al describir a sus retoños Gabriela afirma que en lo físico tienen rasgos de ambos, unos más marcados que otros. “Yo diría que Marcos Manuel, el mayor, es mi réplica en masculino, incluido el temperamento. Diego Gabriel sería el equilibrio entre papi y mami y Jesús Javier, el pequeño, es un clon evolucionado de su padre”, señaló, aunque aclaró de inmediato que sus caracteres son totalmente distintos, cada cual con su sello particular. No obstante, esas diferencias de temperamento, Gabriela aseguró que son muy buenos amigos y tienen una excelente convivencia.
Al visualizar el futuro, la joven madre afirmó que como adolescentes ve a sus hijos muy cercanos y compatibles, por la escasa diferencia de edad que hay entre ellos.
“A Marcos Manuel, el mayor y más formal lo visualizo en un rol protector. A Diego Gabriel, el soñador y romántico de la familia, lo veo asistido por sus hermanos para que ponga los pies en la tierra y a Jesús Javier lo imagino gestionando los permisos de salida de los tres, pues es el más atrevido”, expresó Gabriela.
Añadió que como jóvenes, los ve comprometidos, seguros de lo que deben hacer y poniendo en práctica los valores y principios que han recibido. Mientras que de adultos, los ve como personas con inteligencia y estabilidad emocional, capaces de lograr las metas propuestas, sabiendo cómo decidir ante cada situación y aprendiendo a levantarse luego de tropezar.

Indiscutiblemente, Gabriela disfruta a plenitud el desarrollo de sus hijos, y no lo hace sola, porque...
¿Quién está detrás del lente de la cámara?
EXPERIENCIA.- Para Gabriela, lo mejor de ser madre es que cada día le aguarda la experiencia maravillosa de sus hijos: “No importa lo difícil que haya sido tu jornada laboral porque sabes que al llegar a casa, apenas abres la puerta tus hijos te dan la bienvenida con un abrazo y que en el momento en que menos esperas, recibes un beso cariñoso”, y esas son de las cosas que no se pagan con la tarjeta de crédito.
“Pero también es maravilloso ver sus logros, apreciar su desarrollo, la manera en que van formándose como entes independientes a partir del patrón que como madre o padre trazas”, puntualizó la dedicada madre. Es por eso que responde con seguridad al preguntarle qué desea que sus hijos aprendan de ella: “El respeto a Dios, el amor por la familia, la honestidad, solidaridad, tenacidad, el aprecio por el trabajo y la dedicación como vías para ser cada vez mejores”.
Una anécdota de familia…
En toda familia regularmente se encuentran historias que en su momento no fueron agradables, pero que según pasa el tiempo y se recuerdan, sólo provocan una sonrisa y el alivio de que todo terminara bien.
Es por eso que cuando se le preguntó a Gabriela si había vivido en algún momento una experiencia desagradable con su familia, esto fue lo que narró:
“Si… una terrible experiencia… verme muy cerca de la pérdida de uno de mis hijos. Cuando Diego Gabriel tenía cuatro años, en verano, apenas tenía dos semanas en clases de natación y una de sus primitas estaba de cumpleaños, por lo que organizamos una fiesta en la piscina de nuestro condominio. Diego Gabriel, muy osado y pretencioso quiso hacer galas de sus habilidades y quedó sumergido en el agua.
Yo observaba desde mi apartamento que todo el mundo preguntaba por él en el área de la piscina, entre ellos mi cuñado, el único adulto que acompañaba a los niños. Desde ese instante quedé bloqueada. Me faltó valor para ver qué pasaba. Uno de mis sobrinitos lo sacó inconsciente del agua y mi cuñado le dio los primeros auxilios. Rápidamente lo trasladaron a la clínica más cercana de nuestro sector.
Víctor, que dormía, escuchó los gritos, bajó a la piscina y subió rápidamente para decirme que el niño estaba muerto… que no había nada que hacer. Ese ha sido el mayor impacto que he recibido en mi vida, antes y después de ser madre.
Gracias a Dios el niño pudo reaccionar en el centro médico y no tuvo secuelas negativas, físicas ni emocionales. Se recuperó rápidamente del accidente, por supuesto con una observación muy cuidadosa de los médicos. Al día de hoy, es un pececito en el agua”.